Ángel de probeta. Parte III “Esa silla en la que nos tocó esperar”

 

Ángel de probeta. Parte I “Origen” click aquí 

Ángel de probeta. Parte II ” Las primeras alas” click aquí

 

Hoy sentada en un lugar como este, una vez más, con otros motivos muy diferentes. Hoy, en una silla mucho más cómoda, con unas patas estables y un respaldo confortable me doy cuenta de cuantas veces te he visto por aquí, de cuantas veces hemos coincidido en este mismo lugar, con pensamientos tan iguales en ocasiones y tan diferentes ahora. Hoy me veo desde fuera y soy capaz de oír los latidos desconcertantes de tu corazón; de sentir el sudor de tus manos y saber cómo luchas por mantener a raya la ilusión y que no te coma la desesperanza. Los suspiros que te guardas cada vez que ves entrar una barriguita exhalan por tus ojos. Y te veo luchar entre sentimientos contradictorios; entre la alegría de ver a esas mujeres embarazadas y la tristeza en la que te ha sumido ésta obligada espera. Te veo y me veo, esperando ambas con una carpeta llena de papeles que son el recibo de haberte sentido un puro experimento. Papeles fríos que desnudan y dejan a la interperie tus entrañas con un estudio genético que no dice nada acerca de lo que realmente eres. Análisis de sangre que mandan más que tus propios deseos en todo este asunto que no tiene nada que ver con lo que esperabas. Hojas y hojas que no hablan en absoluto de todo lo que has sentido, en los que no se reconoce lo que eres y el camino que te ha llevado hasta ésta tambaleante silla en ésta sala de espera. Y estas ahí, con tu carpeta llena de frialdad en la mano, esperando a que un doctor te hable, otra vez, de la situación más importante de tu vida como un número más (ojalá termines conociendo un doctor/a que entienda cuánto poder tiene su trabajo como hice yo).

Puede que esperes acompañada, pero el respaldo de tu silla está tan roto que no te apoyas. Su respaldo, el de tu acompañante, es más confortable, se antoja parecer incluso un trono, pero no os podéis intercambiar el lugar. Y te veo esperando, acomodándote cómo puedes, haciendo equilibrio con las patas cojas de desilusión de la silla que te ha tocado. Pero sigues ahí, no te caes, no quieres que te vean caer. Lo sé, todo menos que te vean caer. Tú sabes que te caes mil veces, pero acuérdate de levantarte mil una. Haber superado la última caída es suficiente para aguantar hoy en esa silla. Eres un ser tremendamente poderoso y fuerte por estar justo ahí.

Sé que lo que te ocurre es muy real, y que nadie que no lo haya pasado lo entiende. Sé que posiblemente estés ahí después de una pérdida o un negativo y que has intentado que nadie te vea; que has querido esconderte del mundo. Y es que resulta difícil dar explicaciones de algo sin explicación. Tal y como se va vendrá, gracias a la ciencia, los conocimientos de un médico o el puro azar, créeme. No te encierres, no guardes todo lo que tienes que dar. Aunque estés ahí pasando un mal rato, posiblemente recordando aquella cotorra insensible que te dijo que para cuando El Niño, o aquella a la que tuviste que sonreír forzadamente cuando te intentó animar diciendote que ya será seguro para la próxima, esa misma a la que tuviste ganas de responder que se quede otra con la próxima, que tu querías ésta vez. Aunque todo ese mundo se te pase por la mente, no te dejes quebrar. Has superado mucho más, para que algo así te pueda derrumbar.

Nos prepararon para querer ser madres, no para el camino que ahora se nos presenta. Nos enseñaron la belleza sin las sombras de las luces que la iluminan. El poder de la felicidad, sin sus leyes y castigos. La sociedad nos lo quiso enseñar así. Incluso nos hizo querer serlo, y las que no quieren, tienen que estar dando explicaciones que nadie debería pedir. Nos enseñaron tan mal, que cuando el camino cambia de ruta, nos vemos obligadas a no saber qué hacer, a no reconocer que también se llega por otros senderos. Nos obligaron a vernos sentadas en esa sala de espera de ginecología pérdidas y desconcertadas por lo que nos está ocurriendo. Te miro y me veo, y te veo perdida, en un camino sin sol que te ilumine. Pero mira arriba, aún tienes las estrellas. Míralas por dios, ellas iluminan sin cegar. Míralas, llénate de ilusión y sigue tu camino especial. Y mira esas barriguitas y no pienses ” ¿por qué yo no?”. Piensa “un día yo…”. E ilusiónate cuando veas un bebé. Sé que ahí en tu silla te alegras de la dicha de las demás, aunque tengas que lidiar con la contradicción desconcertante de que te duela. Sé que nadie te consuela, que sientes que no saben lo que sientes. Sé que has llorado a ratos y que has sonreído forzadamente. Si supiera como hablarte, (incluso yo que he estado ahí no sé) pero si supiera, te diría que te sientas mal cuando lo necesites, porque lo necesitarás, pero que tengas muy claro que cuanto más altos sean los escalones que tengas que subir, más arriba estarás, y desde ahí, desde lo más alto, las vistas son más increíbles si cabe. Posiblemente te quedan mil cosas que pasar, pero también sé que entre esas cosas está la mejor. Acuérdate que la noche no es oscura cuando miras hacia arriba, cuando miras las estrellas. Recuerda conservar la ilusión de un sueño que se cumplirá, solo, si no dejas de soñar. Y lo más importante, manda esa destartalada silla a la mierda, eres tan fuerte que puedes esperar de pie.

 

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Mil caídas en esa silla, merecen la pena por éste momento

 

No se me ocurre una canción mejor para reconocer el apoyo de mi marido y mi madre en el camino. Gracias por darme cuerda cuando sentíais que me costaba remar.

Thanks for try to fix all my pain…

Fix you, Coldplay.

REAL AND PARADISE

3 respuestas a “Ángel de probeta. Parte III “Esa silla en la que nos tocó esperar”

  1. Que gran madre eres, después de conocerte y leerte todavía me reafirmo en lo que te dije. Sois una pareja escepcional que vivís uno para el otro y esa felicidad vuestro pequeño lo recibe con besos y abrazos. Vuestro niño es un pequeño feliz , seguir así y disfrutar de la vida como lo hacéis. Un gran beso para los tres . Soy la madre de Ruth.

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    1. Muchísimas gracias. Gracias por darte cuenta de algo tan especial que es lo que siento por Jon. Tú hija te adora, se nota cuando habla de tí y de su familia. Sois muy afortunados. Nosotros estamos encantado de poder compartir este año con Ruth y Rubén. A veces aparecen personas como ellos que hacen que este mundo a parte y lejano de los nuestros se lleve mejor y cobre sentido. Nos vemos pronto. Besos!!!

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